QUESO DE OVEJA SERRA DE VALMADEIROS. PEQUEÑA OBRA MAESTRA.

Portugal no es un país con gran variedad de quesos, pero los pocos que hay son bastante buenos. No suelo comprar quesos portugueses en mis viajes porque los encuentro algo caros y no es sencillo conseguir piezas óptimas. 

En mi último viaje decidí dar una oportunidad al queso que aparece en la foto y he acertado de lleno, tanto como para lamentar no haber comprado más piezas. Lo encontré en Leclerc pero parece que venden en muchos más sitios.

Lo que vemos es una pieza de medio kilo que se vende a menos de diez euros, lo cual es muy razonable. Lo que hay dentro es un queso perfecto, más o menos lo que uno esperaría de un Torta del Casar pero con una cremosidad muy superior. Una vez cortas con el cuchillo, el queso se derrama y te das cuenta que igual hubieras empezado mejor por encima. Eso ocurre incluso recién sacado de la nevera. La untuosidad es lujuriosa y el punto de sabor insuperable, levemente salado pero sin pasarse, con cero acidez y un posgusto glorioso. Indudablemente, es un queso ideal para finalizar la ronda de una tabla de quesos, antes de dar el punto final con un queso azul. En su categoría difícilmente tiene rival y para mi gusto le da patadas al "queijo da Serra", algo sobrevalorado y cuyas piezas suelen tener los mismo defectos que muchas tortas extremeñas mal elaboradas y peor conservadas. El Serra del Valmadeiros tiene una corteza muy fina y el contenido se aprovecha muy bien.

Lo curioso es que el queso se elabora lejos de la montaña, en Oliveira de Azemeis, a poca distancia de Oporto. Hasta ahora la empresa fabricaba quesos con pocas pretensiones para el gran consumo, pero las nuevas ediciones en plan reserva y premium sí van dirigidas a un público más exigente y el producto es digno de mesas gourmet. Unta muy bien sobre galletas planas del tipo de las marineras o las mallorquinas y dignifica cualquier pan por malo que sea.

Lo de encontrarlo en restaurantes va a ser complicado porque en Portugal hay poca costumbre de servir tablas de quesos y aún menos antes del postre, o sea que hay que ir al supermercado y pillar una pieza que se come en pocos minutos entre dos personas, ya que resulta extremadamente adictivo.

Queda claro que se pueden hacer quesos industriales como el mismo sabor que los artesanos y con una calidad mucho más garantizada.

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